Entrevista con Mons. Steenson, ordinario del Ordinariato personal de la Cátedra de San Pedro

Brian Fraga
OSV Newsweekly

El Ordinariato Personal de la Cátedra de San Pedro fue erigido el 1 de enero de 2012, después de que el Papa Benedicto XVI preparara el camino en 2009 estableciendo una estructura para que los anglicanos pudieran unirse con Roma. En una entrevista del pasado mes de septiembre con Our Sunday Visitor, Mons. Steenson comenta los primeros tres años del ordinariato y comparte sus esperanzas sobre las relaciones entre anglicanos y católicos.

Ofrecemos una traducción al castellano realizada por prelaturaspersonales.org

¿Cómo describiría los primeros tres años de existencia del ordinariato?
Ha sido un periodo muy intenso. Ha supuesto un desafío empezar un ordinariato que abarca por entero América del Norte. Esto significa viajar mucho. Hay un período de aprendizaje complicado al crear una nueva entidad eclesial y relacionarse con las conferencias episcopales de Canadá y Estados Unidos. Además, hemos de ir a la par con los obispos locales y las diócesis en cuanto a las ordenaciones y el establecimiento de comunidades. La red de trabajo ha sido muy intensa, pero también una maravillosa experiencia.

¿Cuáles son las lecciones más importantes aprendidas en estos tres primeros años?
Lo que hemos discernido es que esta tarea requiere una verdadera finalidad de catequesis. Hemos de meternos en la empresa de proclamar el Evangelio, la Nueva Evangelización, ayudar a la gente a entender por qué la Iglesia Católica es importante y convincente, y la necesidad de que si vas a ser católico, tienes que estar en comunión con Roma. Ahora estamos ayudando al clero y a los líderes del laicado del ordinariato a entender en qué consiste la evangelización.

¿Cuáles han sido los desafíos y dificultades hasta ahora?
Yo pasé 28 años en el ministerio anglicano, pero es complejo conseguir que la hacerse cargo de todo lo que se requiere para administrar un grupo eclesial dentro de la Iglesia Católica. Nosotros, básicamente, teníamos que crear una cuasi-diócesis. He descubierto que esto es un gran desafío. Debíamos crear un cuerpo de leyes y de normas particulares para gobernarlo. Teníamos que poner en marcha no solo las estructuras eclesiásticas sino también las estructuras civiles. Muchos de nosotros, sacerdotes del ordinariato, no nos dedicamos a esto a tiempo completo. Yo dedico la mitad de mi tiempo a enseñar en un seminario en Houston. Unos pocos son pastores con dedicación plena en sus comunidades, pero la mayoría de nosotros estamos haciendo algo más, como trabajar en capellanías de hospitales, enseñar en escuelas católicas, ayudar como vicarios parroquiales en parroquias católicas o colaborar en capellanías militares. Es bastante complicado y estimulante para nosotros. También hemos de unir a grupos de anglicanos que nunca han estado unidos en el pasado. Algunos fueron parte de la Iglesia Episcopaliana o de la Iglesia Anglicana de Canadá. Otros dejaron la Iglesia por varias razones, y ahora estamos ayudándoles a estar unidos. Donde en el pasado no estábamos en comunidad el uno con el otro, ahora estamos aprendiendo a estar en comunión como católicos.

¿Cuáles son algunas de las razones por las que personas y comunidades de la tradición Anglicana se incorporan al ordinariato?
Pienso que la principal razón es su deseo de unirse realmente a la fe apostólica, y su experiencia es que en la tradición Anglicana se hace más y más difícil de conseguir. Pero la razón por la que entras en la Iglesia Católica debería ser porque piensas que en ella está la verdad, y que estás de acuerdo con lo que el Concilio Vaticano II dice acerca de que es voluntad de Cristo que la Iglesia se constituya alrededor de Pedro y sus sucesores. Sobre todo queremos evitar que el ordinariato se convierta en un puerto seguro como refugio para personas que están disgustadas con sus experiencias en la iglesia anterior. Esto es lo que no queremos en modo alguno.

¿Algunas comunidades del ordinariato tienen sus propios templos? ¿Dónde celebran la liturgia?
Hay diferentes modalidades. St. Barnabas en Omaha (Nebraska) compró su edificio a la diócesis episcopaliana. Tuvieron que cavar hondo… hasta conseguir los recursos para adquirir su propio templo. En St. Luke (Washington, D.C.), comparten la iglesia con la Parroquia de la Inmaculada Concepción en el centro de la ciudad. Algunos de los grupos Anglicanos independientes ya poseían edificios y no tuvieron problemas en traspasarlos. La mayor parte de estos grupos con que hemos tratado, se han asociado con una parroquia católica local para empezar su comunidad.

¿Qué espera ver usted en el caminar futuro del ordinariato?
Una cosa que me gustaría hacer es crear un programa de catequesis para los que vienen de la tradición anglicana, y quieren aprender cómo hacer este viaje juntos con su grupo y ser catequizados y recibidos en la Iglesia católica. Obviamente en términos de estabilidad del ordinariato, necesitamos fortalecer nuestras comunidades. Se espera llegar al punto en que muchos de nuestros clérigos no tendrán que dedicarse a otro oficio y alcanzar el objetivo de que las comunidades tendrán sus propios templos y podrán sostener al clero con plena dedicación.

¿Cómo interactúan las comunidades del ordinariato con las diócesis de rito latino en que se encuentran?
Hemos alcanzado gran éxito cooperando entre nuestras comunidades y las diócesis. Muchos de los obispos de modo habitual invitan al clero del ordinariato a participar en las conferencias para el clero, retiros y reuniones de oración. En particular en el campo de defender la santidad de la vida humana, los grupos del ordinariato se implican en actividades pro-vida y tienen contactos muy buenos con sus hermanos y hermanas latinos.

¿Cómo puede ser el ordinariato un instrumento para la unidad de los cristianos?
La Anglican-Roman Catholic International Commission, que se ha reunido desde los años 60, siempre ha tenido como objetivo la plena comunión, el reencuentro corporativo entre anglicanos y católicos. La Iglesia católica siempre ha sido muy clara en que esto es lo que le gustaría. Los Anglicanos conservarían sus tradiciones litúrgicas, su patrimonio, pero también reconocerían el primado de la Sede de Roma. Este es el camino en que la Iglesia católica previó que algunos grupos vuelvan a la plena comunión; el ordinariato se ha creado desde una perspectiva ecuménica. Una de las cosas que desde el principio hemos querido es no caer en litigios sobre las propiedades de las iglesias. No permitiremos que venga al ordinariato un grupo que esté buscando un litigio con su iglesia anterior; este es un principio firme para nosotros. Queremos ser ministros de la reconciliación y no puedes hacer esto si estás en pleito con tus compañeros cristianos. Nosotros les decimos, “Consigue resolver esto fuera”. Tienes que arreglar estos problemas primero y alcanzar el más alto grado de reconciliación que puedas con tu anterior casa eclesial antes de entrar en la Iglesia católica.

¿Cómo ha afectado entrar en la plena comunión con la Iglesia católica a las relaciones con vuestros antiguos correligionarios Anglicanos?
Cuando dejé la Iglesia Episcopaliana, la dejé en el mejor modo posible. Trabajé muy cuidadosamente con mi obispo para hacer este camino. Tuve muy buenas relaciones entonces, y espero mantenerlas en adelante. Lo que hizo que fuera un desafío es que había cuestiones teológicas planteadas cuando mucha gente dejó la Iglesia Episcopaliana, cosas como la ordenación de las mujeres y la bendición de uniones de personas del mismo sexo. A causa de la tensión política que había, supongo que, para algunas personas, fue una marcha dolorosa. Pero yo creo que hemos conseguido librarnos de nuestro enfado. Precisamente queremos lograrlo porque los que están separados de nosotros son nuestros hermanos y hermanas en Cristo. No queremos perder nunca de vista que son personas bautizadas cristianas, y el objetivo es la unidad de los cristianos, como siempre ha enseñado la Iglesia Católica, reunidos alrededor de la Sede de Pedro.

Para leer la entrevista en inglés