Prelatura personal y Fraternidad de San Pío X: respuestas de Mons. Ocáriz

21 julio 2013

Desde los últimos meses no ha habido novedades de relieve en el proceso de vuelta a la plena comunión eclesiástica de la Fraternidad de San Pío X, después de las dificultades que surgieron en torno al Preámbulo doctrinal.

Cuando el diálogo entre la Santa Sede y los lefebvrianos llegaba a su conclusión, se anunció que el cauce canónico para la actual Fraternidad sería el de prelatura personal, figura creada por el Concilio Vaticano II. Se ha publicado recientemente un libro-entrevista a Mons. Fernando Ocáriz, realizada por Rafael Serrano (Sobre Dios, la Iglesia y el Mundo, Rialp 2013). Entre los diversos temas, el Vicario general de la Prelatura del Opus Dei describe cuáles serían las características de esta nueva prelatura personal. Al ser el entrevistado consultor de la Congregación de la Doctrina de la Fe, donde se ha llevado a cabo el diálogo con la Fraternidad de San Pío X, tiene particular interés conocer las explicaciones que ofrece sobre esta cuestión.

«La Santa Sede ha previsto la prelatura personal, porque sería, efectivamente, una buena solución. La Fraternidad nació y se desarrolló durante un tiempo como una sociedad de vida apostólica, integrada solo por sacerdotes. Sin embargo, poco a poco se fue transformando en una realidad distinta, en el sentido de incorporar de facto a numerosos fieles laicos, a los que los sacerdotes de Mons. Lefebvre daban la completa atención pastoral, por desear recibir de ellos la predicación del Evangelio y los sacramentos de acuerdo con la Tradición de la Iglesia, que pensaban no encontrar en otro sitio. Ante la realidad de cientos de sacerdotes y de muchos miles de fieles en diversos países del mundo, la prelatura personal aportaría una solución adecuada, por estar constituida por un prelado como ordinario propio, presbiterio y fieles laicos; por tanto, una estructura jerárquica, de jurisdicción secular ordinaria, pero sin constituir una Iglesia particular. Por esto, los fieles de la prelatura quedarían a la vez como fieles de las diócesis de sus domicilios. Lo veo como una buena solución, porque respondería a la realidad actual de la Fraternidad».

Como hasta ahora se ha erigido solo una prelatura personal –el Opus Dei-, es lógico preguntarse en qué se diferenciarían las dos prelaturas personales. Ocáriz afirma que se trata de una figura canónica que, dentro de las características comunes referidas anteriormente, «admite una gran variedad según las distintas finalidades pastorales posibles para las que la Santa Sede las erija. Esa diversidad la determinan los estatutos que la Santa Sede dé a cada prelatura».

La diferencia del Opus Dei con esa nueva prelatura se apreciaría «ante todo en la finalidad: la de la Prelatura del Opus Dei es la difusión de la llamada universal a la santidad, a través de la santificación del trabajo y de las demás realidades de la vida ordinaria, con la necesaria atención pastoral específica del prelado y su presbiterio a los fieles laicos incorporados a la Prelatura. La nueva prelatura, originada en la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, tendría como finalidad la pastoral común, según determinados valores tradicionales, de los fieles que se incorporen a esa prelatura. En el Opus Dei los fieles reciben una atención pastoral que, junto a elementos de la pastoral común (Eucaristía, Penitencia, etc.), incluye otros en los que los demás católicos no necesariamente han de participar: por ejemplo, una orientación espiritual personal o cursos de formación teológica. Los fieles de la prelatura que se constituiría para la Fraternidad de S. Pío X recibirían de esa institución la atención pastoral común. Además, como es natural, aparte de los aspectos de espíritu, entre el Opus Dei y la nueva prelatura personal habría diferencias de tipo organizativo».

Finalmente, el periodista pide una explicación sobre la relación del Opus Dei con los obispos diocesanos, teniendo en cuenta unas declaraciones de Mons. Fellay en las que decía que, si la Fraternidad fuera transformada en prelatura personal, su relación con los obispos diocesanos sería diferente a la que tiene el Opus Dei. «San Josemaría resumía esta relación con una frase gráfica: «tiramos del carro en la misma dirección que el obispo». Toda la actividad del Opus Dei consiste en dar formación cristiana y asistencia pastoral a sus fieles –que son también fieles de las diócesis donde residen- y a otras muchísimas personas que lo desean. El fruto de esta actividad permanece, por tanto, en las diócesis. El fundador del Opus Dei quiso –y la Santa Sede lo recogió en los Estatutos de la Prelatura- que para comenzar la actividad estable de la Obra en una diócesis fuese necesaria la autorización del correspondiente obispo diocesano. Además, está previsto mantener un trato frecuente con los pastores de las Iglesias particulares, para informarles sobre la actividad de la Prelatura, conocer sus proyectos pastorales y así secundarlos. Por otra parte, en la medida de lo posible, cuando los obispos lo piden, sacerdotes de la Prelatura colaboran inmediatamente en trabajos diocesanos (profesores en seminarios, párrocos o vicarios parroquiales, encargos en curias y tribunales diocesanos, etc.); de hecho, esto sucede en muchas diócesis, aunque no siempre resulta posible atender todas las peticiones de los obispos».

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