Presentación de “Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer”

(Extracto)

Manuel Cabello

 

Desde su erección, la Prelatura del Opus Dei está constituida por un Prelado —que es su Ordinario propio—, por el clero o presbiterio de la Prelatura, que son los sacerdotes incardinados en el Opus Dei, y por los seglares que libremente se han incorporado.

Los laicos de la Prelatura son hombres y mujeres, solteros y casados, de toda raza y condición social; sin límite alguno por razones de salud, de edad avanzada, o por circunstancias familiares o profesionales, etc. Los sacerdotes del presbiterio de la Prelatura provienen de los laicos del Opus Dei, que reciben las Sagradas Órdenes después de haber cursado los estudios eclesiásticos necesarios. Por tanto, no se sustraen a ninguna diócesis sacerdotes ni candidatos al sacerdocio.

Para todos los fieles (clérigos y laicos) que pertenecen al Opus Dei la vocación es la misma y única: se trata de una vocación cristiana plena, por la que asumen, de manera adecuada a las distintas circunstancias y al propio estado personal, los mismos compromisos ascéticos y formativos. Asimismo, todos los fieles de la Prelatura participan plenamente en el peculiar apostolado que desarrolla el Opus Dei.

La Prelatura del Opus Dei constituye una unidad pastoral orgánica e indivisible, y lleva a cabo su labor apostólica —entre hombres y mujeres de toda condición— bajo el gobierno y la dirección de su Ordinario propio, el Prelado del Opus Dei, ayudado por sus Vicarios. Cooperan en el ejercicio de las funciones del Prelado unos Consejos, que están formados por clérigos y laicos. Al frente de la Prelatura en cada país hay un Vicario Regional, al que también asisten unos Consejos en su labor de gobierno.

El Prelado tiene una potestad ordinaria de régimen o de jurisdicción, para la específica misión pastoral y apostólica de la Prelatura. Esta potestad no interfiere con la ordinaria cura pastoral de los fieles que compete a los Obispos diocesanos. Además del régimen del propio clero, lleva consigo la dirección general de la formación y de la atención espiritual y apostólica que reciben los laicos incorporados al Opus Dei, con vistas a una intensa dedicación al servicio de la Iglesia. Los laicos, por tanto, están bajo la jurisdicción del Prelado en lo que se refiere al cumplimiento de los compromisos que han asumido al incorporarse a la Prelatura.

Los fieles de la Prelatura del Opus Dei son personas que desean llevar una vida plenamente cristiana, buscando la santidad y ejerciendo el apostolado, en su propio estado y en su propio trabajo en medio de la sociedad civil. La incorporación a la Prelatura del Opus Dei se hace por medio de un vínculo de carácter contractual, mutuo y estable, entre la Prelatura y el fiel laico que libremente desea incorporarse.

La Prelatura se compromete a ofrecer a sus fieles una asidua formación doctrinal religiosa, espiritual, ascética y apostólica, así como la necesaria atención pastoral específica por parte de los sacerdotes del presbiterio del Opus Dei.

Por su parte, los fieles del Opus Dei se obligan a poner en práctica los compromisos ascéticos, formativos y apostólicos que se especifican en el derecho particular de la Prelatura; a cumplir las normas disciplinares que rigen la vida del Opus Dei; y a sostenerse —y mantener a su familia, si es el caso— por medio de su propio trabajo profesional, con el que contribuirán también, en la medida de sus posibilidades, a sostener las labores formativas y apostólicas de la Prelatura.

En el Opus Dei se da la misma variedad de fieles que en las demás estructuras jurisdiccionales de carácter secular (por ejemplo, una diócesis): sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, solteros y casados, personas de cualquier condición social y de cualquier profesión honrada. El estado de vida propio de cada uno y su condición canónica de comunes fieles seculares no se ven modificados por la incorporación al Opus Dei.

La misión de la Prelatura del Opus Dei es doblemente apostólica o pastoral. De una parte, la Prelatura desarrolla su propia labor pastoral, para atender y sostener a sus fieles en el cumplimiento de sus compromisos. De otra parte, la Prelatura —presbiterio y laicado, conjunta e inseparablemente unidos— lleva a cabo el apostolado específico de difundir, en todos los ambientes de la sociedad, una profunda toma de conciencia de la llamada universal a la santidad y al apostolado, y, más concretamente, del valor santificante del trabajo profesional ordinario.

Por otro lado, algunos fieles del Opus Dei, junto con otras muchas personas —también no católicos—, suscitan en todo el mundo, movidos por su amor a la Iglesia y su deseo de servir a la sociedad, variadas iniciativas de carácter apostólico. En ocasiones, la Prelatura del Opus Dei, en cuanto tal, les presta una asistencia pastoral específica, asegurando la oportuna atención espiritual de los destinatarios de esas actividades que libremente la deseen. Son siempre labores con fin apostólico, realizadas de un modo profesional y laical, perfectamente insertadas en el tejido social en el que nacen, para cooperar en su desarrollo humano y cristiano.

Además, intrínseca e indisolublemente unida a la Prelatura del Opus Dei, existe la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que tiene como fin difundir entre los demás clérigos seculares el carisma fundacional del Opus Dei.

El Prelado del Opus Dei es, a la vez, Presidente General de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Son miembros ipso iure todos los sacerdotes incardinados en la Prelatura; y pueden ser admitidos, como socios, otros sacerdotes seculares que siguen incardinados en sus diócesis respectivas y continúan bajo la jurisdicción exclusiva de su propio Obispo, que es su único Superior.

La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz se propone fomentar la santidad de los sacerdotes —finalidad alabada y estimulada por el Concilio Vaticano II en el Decreto sobre los presbíteros y por el Código de Derecho Canónico (c. 278 §2)— en el ejercicio de su propio ministerio, para lo que les proporciona una atención espiritual y ascética que les lleva, entre otras cosas, a mantener una disponibilidad ejemplar ante los requerimientos de sus Ordinarios y las necesidades diocesanas.

 

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