Decreto sobre las virtudes del Venerable Siervo de Dios Álvaro del Portillo

 

Publicado en Romana 54 (2012) p. 60
 

CONGREGACIÓN DE LAS CAUSAS DE LOS SANTOS

ROMANA

y PRELATURA PERSONAL de la SANTA CRUZ y OPUS DEI

BEATIFICACIÓN y CANONIZACIÓN

del Siervo de Dios

ÁLVARO DEL PORTILLO y DIEZ DE SOLLANO

Obispo titular de Vita

Prelado de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y Opus Dei

(1914 – 1994)

DECRETO SOBRE LAS VIRTUDES

 

Vir fidelis multum laudabitur (Prov 28, 20). Estas palabras de la Escritura manifiestan la virtud más característica del Obispo Álvaro del Portillo: la fidelidad. Fidelidad indiscutible, sobre todo, a Dios en el cumplimiento pronto y generoso de su voluntad; fidelidad a la Iglesia y al Papa; fidelidad al sacerdocio; fidelidad a la vocación cristiana en cada momento y en cada circunstancia de la vida.

«La fidelidad a lo largo del tiempo es el nombre del amor», ha dicho el Papa Benedicto XVI (Homilía en Fátima, 12-V-2010). El Siervo de Dios ha sido ejemplo de caridad y de fidelidad para todos los cristianos. Encarnó plena, ejemplar e íntegramente sin retazos ni excepciones, el espíritu del Opus Dei, que llama a los cristianos a buscar la plenitud del amor a Dios y al prójimo a través de los deberes ordinarios que forman la trama de nuestras jornadas. «Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar a los demás con el trabajo»: se puede decir que esta es la descripción más exacta de la intensísima actividad desplegada por el Siervo de Dios primero como ingeniero, después en el ministerio sacerdotal y, finalmente, como Obispo. Prodigó sus energías en todas las tareas que realizó, convencido de que cada una constituía un instrumento con el que podía colaborar en la misión salvífica de la Iglesia.

El Siervo de Dios nació en Madrid, el 11 de marzo de 1914, tercero de ocho hijos en un hogar cristiano. Fue doctor en ingeniería de caminos, en historia, y en derecho canónico. En 1935, a los 21 años, pidió la admisión en el Opus Dei. Pronto fue el colaborador más estrecho de San Josemaría. El 25 de junio de 1944 fue ordenado sacerdote y desde entonces se entregó con generosidad al ejercicio del ministerio sagrado. El mismo día de su ordenación, el Fundador lo eligió como confesor. En 1946 se estableció en Roma para ayudar a San Josemaría en el gobierno y en la expansión del Opus Dei. Fue Secretario General (1939-1946 y 1956-1975), Consiliario regional de Italia (1948-1951), Procurador General (1946-1956) y Rector del Colegio Romano de la Santa Cruz (1948-1954).

También la Santa Sede le confió numerosos encargos: durante el Concilio Ecuménico Vaticano II fue Secretario de la Comisión De disciplina cleri et populi christiani, artífice del Decreto Presbyterorum Ordinis, Perito de las Comisiones De Episcopis et diœcesium regimine y De religiosis. Después, Consultor de la Sagrada Congregación del Concilio, Calificador de la Suprema Congregación del Santo Oficio y Consultor de la Pontificia Comisión para la revisión del Código de Derecho Canónico; Juez del Tribunal para las causas de competencia de la Congregación de la Doctrina de la Fe y Consultor de esa misma Congregación. También fue Secretario de la Comisión para los Institutos Seculares en la Sagrada Congregación de Religiosos, Consultor de la Congregación del Clero, Consultor del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales y Consultor de la Congregación de las Causas de los Santos.

El 15 de septiembre de 1975 fue elegido primer sucesor de San Josemaría al frente del Opus Dei. La continuidad en la aplicación de las enseñanzas del Fundador fue el punto central de su programa de gobierno, y puso todos los medios para alcanzar un objetivo especialmente preparado por San Josemaría: la configuración canónica adecuada al carisma fundacional del Opus Dei, que se obtuvo el 28 de noviembre de 1982, cuando el Beato Juan Pablo II erigió el Opus Dei como Prelatura personal y nombró Prelado a Álvaro del Portillo. El 6 de enero de 1991 recibió la ordenación episcopal de manos del Papa. En la madrugada del 23 de marzo de 1994, apenas unas horas después de regresar de una peregrinación a Tierra Santa, el Señor lo llamó a Sí. Ese mismo día, el Beato Juan Pablo II acudió a rezar ante los restos mortales del Siervo de Dios y, tras orar en silencio, recitó en voz alta la Salve Regina.

La actividad de Álvaro del Portillo en el gobierno del Opus Dei se caracterizó también por el celo pastoral, encaminado a la expansión de los apostolados de los fieles de la Prelatura al servicio de la Iglesia. Durante los 19 años que dirigió la Obra, se comenzó la labor apostólica estable en 20 nuevos países.

Manifestación de su solicitud por las almas son los numerosos viajes que realizó a las naciones donde el Opus Dei estaba presente, con el fin de fortalecer en su vida espiritual y en su apostolado a los fieles de la Prelatura y a tantos otros cristianos de toda condición. En la promoción de este impulso evangelizador, buscó siempre que las actividades apostólicas de la Prelatura se ejerciesen al servicio de las diferentes Iglesias particulares. A su interés por la formación doctrinal de los sacerdotes se debe la creación de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, proyecto ya concebido por San Josemaría. Publicó obras notables sobre materias de carácter jurídico, teológico y de espiritualidad, como: Fieles y laicos en la Iglesia, Consagración y misión del sacerdote, Una vida para Dios. Reflexiones en torno a la figura de Josemaría Escrivá de Balaguer, Entrevista sobre el fundador del Opus Dei.

La dedicación del Siervo de Dios al cumplimiento de la misión que había recibido estaba radicada en un profundo sentido de la filiación divina, que le llevaba a buscar la identificación con Cristo en un abandono confiado a la voluntad del Padre, lleno de amor por el Espíritu Santo, constantemente inmerso en la oración, fortificado por la Eucaristía y por una tierna devoción a la Santísima Virgen María.

Dio pruebas de heroísmo en el modo como afrontó las enfermedades –en las que veía la Cruz de Cristo–, el periodo que transcurrió en la cárcel durante la persecución religiosa en España (1936-1939) y los ataques que sufrió por su fidelidad a la Iglesia. Era hombre de profunda bondad y afabilidad, capaz de transmitir paz y serenidad a las almas. Nadie recuerda un gesto poco amable de su parte, el menor movimiento de impaciencia ante las contrariedades, una palabra de crítica o de protesta por alguna dificultad: había aprendido del Señor a perdonar, a rezar por los perseguidores, a abrir sacerdotalmente sus brazos para acoger a todos con una sonrisa y con cristiana comprensión.

Su amor a la Iglesia se manifestaba en la plena comunión con el Romano Pontífice y los Obispos: fue un hijo fidelísimo del Papa, con una adhesión indiscutida a su persona y a su magisterio. Su vivísima solicitud por los fieles del Opus Dei, la humildad, la prudencia y la fortaleza, la alegría y la sencillez, el olvido de sí y el ardiente deseo de conquistar almas para Cristo –reflejado en su lema episcopal: Regnare Christum volumus!– son aspectos que se unen para componer su retrato de Pastor.

La fama de santidad del Siervo de Dios, ya ampliamente difundida en vida, ha alcanzado extensión universal después de su muerte. Sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios se han llevado a cabo dos procesos aeque principales, desde el año 2004 al 2008, en el Tribunal del Vicariato de Roma y en el Tribunal de la Prelatura del Opus Dei, y 8 procesos rogatoriales en diócesis de Europa, Norteamérica, Sudamérica y Australia. El Congreso de los Consultores Teólogos, que se celebró el 10 de febrero de 2012, dio respuesta afirmativa unánime a la pregunta acerca del ejercicio heroico de las virtudes y la fama de santidad del Siervo de Dios. En el mismo sentido se pronunciaron los Emmos. y Excmos. Miembros de la Congregación de las Causas de los Santos, reunidos en la Sesión Ordinaria del 5 de junio de 2012, presidida por mí, Cardenal Angelo Amato, en la que fue Ponente el Emmo. Sr. Cardenal Antonio Cañizares Llovera.

El Sumo Pontífice Benedicto XVI, después de haber recibido del infrascrito Cardenal Prefecto una relación diligente de todo lo que se acaba de exponer, acogiendo y ratificando los pareceres de la Congregación de las Causas de los Santos, en fecha de hoy ha declarado solemnemente: Constan las virtudes teologales de la Fe, la Esperanza y la Caridad, tanto hacia Dios como hacia el prójimo, así como las virtudes cardinales de la Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza, con las otras anejas, en grado heroico, y la fama de santidad del Siervo de Dios Álvaro del Portillo y Diez de Sollano, Obispo titular de Vita, Prelado de la Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei, en el caso y para los efectos de que se trata.

El Santo Padre ha dispuesto que este Decreto sea hecho público y se incluya en las Actas de la Congregación de las Causas de los Santos.

Dado en Roma, el 28 de junio de 2012.

 

Angelus Card. Amato, S.D.B.

Prefecto

L. + S.

 Marcellus Bartolucci

Arzobispo titular de Bevagna

Secretario