Orientalium Ecclesiarum, 4 (sp)

Concilio Vaticano II, Decreto “Orientalium Ecclesiarum”, 21-XI-1964, AAS 57 (1965) 76-89.

(…)

4. Por consiguiente, debe procurarse la protección y el incremento de todas las Iglesias particulares y, en consecuencia, establézcanse parroquias y jerarquías propias, allí donde lo requiera el bien espiritual de los fieles. Pero los jerarcas de las diversas Iglesias particulares, que tienen jurisdicción en un mismo territorio procuren, mediante acuerdos adoptados en reuniones periódicas, favorecer la unidad de la acción y fomentar las obras comunes, mediante la unión de fuerzas, para promover más fácilmente el bien de la religión y salvaguardar más eficazmente la disciplina del clero [3]. Todos los clérigos y seminaristas deben ser instruidos en los ritos y, sobre todo, en las normas prácticas referentes a los asuntos interrituales; es más, los mismos laicos, en la catequesis, deben ser informados sobre los ritos y sus normas. Por último, todos y cada uno de los católicos, así como los bautizados en cualquier Iglesia o comunidad católica, conserven en todas partes su propio rito, y en cuanto sea posible, lo fomenten y observen con el mayor ahinco [4]; salvo el derecho de recurrir en los casos peculiares de personas, comunidades o regiones a la Sede Apostólica, la cual, como árbitro supremo en las relaciones intereclesiales, proveerá con espíritu ecuménico a las necesidades, por sí misma o por otras autoridades, dando las oportunas normas, decretos y rescriptos.

(…)

 

[3] Cf. PIUS XII, Motu proprio Cleri sanctitati, 2 iun. 1957, can. 4.

[4] PIUS XII, Motu proprio Cleri sanctitati, 2 iun. 1957, can. 8: «sine licentia Sedis Apostolicae», sequendo praxim saeculorum praecedentium; item quoad baptizatos acatholicos in can. 11 habetur: «ritum quem maluerint amplecti possunt»; in textu proposito disponitur modo positivo observantia ritus pro omnibus et ubique terrarum.

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